En un contexto global marcado por el cambio climático, la volatilidad económica y las tensiones geopolíticas, la seguridad alimentaria ha escalado como una prioridad en la agenda de América Latina. A mediados de 2025, la región fue escenario de importantes iniciativas diplomáticas, alianzas internacionales y propuestas innovadoras que buscan transformar los sistemas agroalimentarios con un enfoque sostenible y cooperativo.
Uno de los principales anuncios provino de Haití, donde el gobierno expresó su intención de fortalecer una diplomacia agrícola Sur–Sur. El ministro de Agricultura, Vernet Joseph, subrayó que la base de esta estrategia radica en el fortalecimiento del conocimiento tradicional, el protagonismo del campesinado y la gestión sostenible de agua y suelos. Este enfoque busca establecer puentes de cooperación técnica con otros países del Sur global que promueva el intercambio de saberes, recursos y tecnologías adaptadas a contextos similares de vulnerabilidad climática y estructural (Prensa Latina, 2025).
Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) encabezó dos iniciativas regionales:
- Taller técnico sobre buenas prácticas acuícolas que contó con la participación de más de 50 especialistas de 18 países latinoamericanos y se enfocó en garantizar la sostenibilidad de esta fuente de proteína que es clave para muchas comunidades costeras y no costeras (FAO, 2025a).
- 5ta Conferencia Global de la Red One Planet de Sistemas Alimentarios Sostenibles, en donde se destacó el rol de las ciudades en la transformación de los sistemas alimentarios. En colaboración con el gobierno de Brasil, se promovió la planificación alimentaria urbana como parte de una estrategia para garantizar el acceso equitativo a alimentos nutritivos (FAO, 2025b).
De igual manera, durante la IV Conferencia de Financiación para el Desarrollo de la ONU celebrada en Sevilla el 1 de julio, se formalizó una alianza estratégica entre América Latina y el Caribe y el Grupo de Coordinación Árabe (ACG), junto al Fondo OPEP. Este acuerdo busca movilizar recursos e inversiones conjuntas en áreas clave como:
- Infraestructura agroalimentaria
- Transición energética rural
- Innovación en fertilizantes y producción sostenible
- Resiliencia de las cadenas de suministro
La alianza representa un paso importante hacia la diplomacia multilateral Sur–Sur, que permitirá abrir nuevas rutas comerciales y tecnológicas entre ambas regiones, así como consolidar alianzas internacionales para la inversión en seguridad alimentaria, expandir buenas prácticas acuícolas sostenibles a nivel regional, incluir el enfoque urbano en las políticas de alimentación y revalorizar el conocimiento tradicional en las estrategias nacionales (El País, 2025).
Si bien estos avances representan oportunidades importantes para consolidar acciones que fortalezcan la cooperación Sur-Sur, es importante que estos acuerdos puedan traducirse en proyectos financiados y que puedan ser monitoreados. Igualmente, será necesario que los países alineen sus marcos normativos con los objetivos de sostenibilidad, inclusión y resiliencia y sigan articulándose con organismos como la FAO por su rol clave en facilitar el seguimiento, evaluación y retroalimentación de estas iniciativas.